Octubre 2005

 

OK COMPUTER

Desgarra: Patricia Bracamonte

Hay días en los que nos sentimos alejados de todos, aún estando acompañados. Momentos en los que la mejor de las terapias, podría ser despojarnos de esa sombra que debilita y concluye con la poca fe que nos sostiene. Uno de aquellos días, en los que la falacia reía como protagonista de un evento determinante, llegó a mis manos ese compañero grato, y aunque, pecando de sentimentalista, compañero amigo. Dentro de aquella caja transparente, se encontraban grabadas las primeras letras que lograron encandilarme: “Levántate y escucha”, para mí, escucha y no te levantes, era lo más adecuado, quizá.

Ok Computer reflejó en mí, la divagación de emociones en la mente. Multiplicidad de emociones que agitaban mis más recónditas fibras internas, bloqueando algunas, capturando otras; en tal sentido no era acertado guiarse por la primera línea del tema. Oía cada una de las letras, cerraba los ojos y me rodeaba una atmósferas apacible, un vacío que en realidad no lo era; la calma, era la calma, esa que se había ido quizá por mi culpa, quizá por que no permitía que se me acerque, quizá por tantas otras cosas. Y no sólo especulaban mi interior, dolientes letras que recónditas buscaban donde posarse, también mellaban con cada onda musical, cada sonido vibrante en mí, y hundían mas ese sabor a tristeza pero fuerza a la vez… yo taciturna y fuerte a la vez.

Exit Music ( for a film ) significaba para mí, un poco más que el circuito delirante de fusas y semifusas que la acompañan en el práctico compendio. Aquel disco desgarró y alimentó mis sueños, elevó mis penas y las transformó en valor, auxilió el alma que prefirió no hundirse en ese momento.

Respira y escapa, hazlo, me decía a mí misma asociando la metáfora en cada palabra: “Despierta de tu sueño, el secante de tus lágrimas. Hoy escapamos, escapamos. Haz el equipaje y vístete, antes de que todos los demonios se desaten. Respira, sigue respirando, no pierdas los nervios, respira, sigue respirando, no puedo hacer esto solo…” Mi alma levitaba, -sin exagerar- despojando aquel peso. El lamento construía un universo anexo a mí y me veía sentada mirando hacía arriba; cada reproducción del disco recogía un pedazo de ese universo, y lo pegaba en el que yo quería construir. Aunque suene paradójico y quizá irreverente cada dolor producía una fuerza favorable, y como era de esperarse, cada nota paso a ser hasta hoy, una necesidad en mis momentos de soledad.