Octubre 2005

 


NIÑOS DE CARAMELO


Escribe: Wilmer Ruíz

Cuenta la antigua historia, que un día llevaron niños ante un importante Maestro de nuestro planeta. Inmediatamente, sus Apóstoles intervinieron apartando a los pequeños y amonestando a sus madres por importunarlo. Éste, al darse cuenta de lo que ocurría, reprendió a sus apóstoles y llamó a los pequeños a su lado diciendo:”Dejad que los niños se acerquen a mí, y no lo impidáis. De ellos y de los que se hacen como ellos es el Reino de los cielos. En verdad os digo, quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él”. Luego los abrazó, les impuso las manos y jugó con ellos…

Antiguas filosofías coinciden en que acercándose al mundo como lo hacen los niños: libres, sin restricciones, sin prejuicios, preocupaciones no sanas, y con esa mirada de simpleza hacia nuestro alrededor, es que nuestra mente alcanzaría ese estado de relajación, paz y amor que todos buscamos. Y que está expresado bajo un sustantivo: “felicidad”. Estado que el ser humano siempre intenta alcanzar pero paradójicamente cada día se aleja más.

Quien no ha experimentado que al acumulo de los años, nuestro mundo comience a tornarse con menos colores y alegrías; para terminar recordando con mucha lejanía y por que no, melancolía, aquellos momentos intensos de nuestra infancia. Épocas en el que nuestro mundo era completo, y si nos faltaba algo solo bastaba cerrar los ojos e imaginarlo. Podíamos ser quien quisiéramos, no existían restricciones. Todos, absolutamente todos a nuestro alrededor, eran nuestros potenciales amigos. Solo bastaba preguntarles su nombre, sonreírles e intercambiar algún juego. La confianza en nosotros y los demás existía. Las cosas, los animales y la naturaleza eran nuestros compañeros, incluso podíamos conversar con ellos. Y que decir del futuro, siempre se veía alentador, y si algo nos restringía, solo bastaba pronunciar las palabras mágicas: “Cuando sea grande…” era un optimismo innato. Se vivía el ahora, intensamente. El juego, el baile, el sentir libre, si estábamos alegres reíamos a carcajadas, si algo nos entristecía soltábamos las lagrimas, si estábamos furiosos simplemente rabiábamos. Solo “Éramos”, en el sentido del “Ser” simplemente, no existían reglas, ni formas de ser o hacer. La creatividad y la visión lúdica del mundo nos rodeaban por completo.

Es lógico que cuando crecemos comencemos a regular mejor nuestros impulsos y sentimientos, que pueden dañarnos y dañar a los demás, es parte del ser seres razonables. Pero me pregunto ¿dónde quedó toda esa magia que nos envolvía y nos hacia sentirnos totalmente vivos?. Cada vez nos ponemos más barreras, cada vez dudamos más, no solo de los que nos rodean sino incluso de nosotros mismos. Nos preocupa mas “lo que debemos ser”, “lo que nos hace falta” que el disfrutar lo que somos aquí y ahora con nuestros “plus” y carencias. Hemos perdido el sentido lúdico de la vida, aquella simpleza. Cuantos nos damos el tiempo de salir un día al jardín, a correr con ansias sintiendo el sol, el viento y la naturaleza que nos rodea, a reír a carcajadas, gritar si lo deseamos, saltar sin parar. Simplemente hacer lo que nos nazca.

Es en esta búsqueda de recuperar aquello que nos acerca a nuestro niño interno (muchas veces olvidado, encerrado y amarrado), y en el tomar contacto con nuestro mundo interior y dejarlo ser libremente, fuera de todo tipo de prejuicio que rodea al mundo humano actual, es que han surgido muchos tipos de movimientos y filosofías. Una de ellas, y que traslada todo esta corriente a un espacio llamado el dance floor es la cultura Rave.

Pocos conocen acerca de la filosofía que le rodea. Los medios masivos, se han encargado de satanizar este tipo de fiestas, mimetizándolas con el desenfreno y las drogas, y casi ninguno pone interés en esta cosmovisión alterna que se convierte en un estilo de vida.

Esta filosofía esta basada en unas siglas P.L.U.R. (Peace, Love, Unity and Respect) tratando de sintetizar su significado podemos decir lo siguiente: La Paz (Peace), es la forma en que se logra alcanzar el estado inalterable de nuestra mente, la llave es mantener nuestro pensamiento libre de todo prejuicio, esta traerá consigo a la tolerancia, y esta a su vez, a la no reacción instintiva. Paz, es la manera de estar bien con nosotros mismos, aceptándonos, amándonos, queriéndonos, buscando nuestro bienestar, por que es solo lográndolo dentro de nosotros que podremos transmitírselo a los demás. El Amor (Love), cuando logramos la paz somos capaces de sentir el amor, y cuando sentimos amor nos viene la paz. Amor, es preocuparse por nuestro cuerpo y mente, es estar al tanto de las personas que nos rodean, es dar por el simple gusto de hacerlo, sin nada a cambio, sin ningún tipo de interés. Es hacer que los otros se sientan bien al igual que nosotros. Es mirar a todos por igual, más allá de nuestras diferencias. Es en este punto que se funde con La Unidad (Unity), el amor trasciende los cuerpos, idiomas, credos, países, tan solo somos almas que buscan su lugar en este mundo, y este a la vez nos llena con su inmensa energía, pues el nos da, a través de sus elementos, y no nos toma cuentas por eso, es sentirse uno, no solo con las personas, sino con todo ser de este planeta, e incluso con la madre Tierra y por que no, con el universo. Es en este punto de la unidad, que se empieza a sentir el Respeto (Respect), y la tolerancia por todos, pues somos energías que interactúan; el respeto, no marca diferencias, el respeto, es cuidarse, es cuidar todo lo que nos rodea, es saber que a pesar que somos uno, el uno es formado por las partes, y estas por su diferencias, que pueden encajar perfectamente haciendo la forma del Todo. Es en este respeto absoluto que surge nuevamente el Amor.

Dentro de los Raver, unos de los grupos más expresivos con estas filosofías y de la vivencia de ese niño interno, son los denominados CandyRavers. Se caracterizan por siempre andar con dulces, pulseras, collares y ropa anchas de muchos colores, semejantes a personajes salidos de algún Anime. Siempre sonrientes y con una vibra especial. Llama la atención su indumentaria, por que certeramente parecen niños grandes, incluso algunos pasean con chupones, peluches o mochilas de personajes de algún cartoons .

Muchas veces, estos grupos no son comprendidos, pues pocos conocen lo que esta detrás de esa indumentaria, y no todos son tolerantes a ello. Existen agrupaciones en otros países en contra de los Candy kids. Es lógico que todo movimiento siempre tenga detractores. No podemos negar también, que como en todo grupo, siempre existe gente que lo toma como una moda y no como una manera de vivenciar el P.L.U.R., pero felizmente suelen ser pocos y pasajeros.

Los candy ravers son a mi modo de ver, una llamada de atención contra esa pérdida de contacto con nuestro niño interno. Tal vez sea esa negación intrínseca, en la que ponemos a fuerza a dormir a nuestro niño, para llamarnos adultos, la culpable del rechazo y repudio hacia ellos. Pero para aquellos que saben ver mas allá, se darán cuenta que nos dicen a gritos: ¡Hey todos somos niños!, asi hayamos crecido, todos poseemos un niño siempre vivo dentro de nosotros.

En cuanto al consuno de drogas, esta opción es muy individual, respetando cada decisión. Existe un gran número de Candys Kids que prefieren no consumirlas. Ellos hayan en esa decisión una forma de respeto hacia sí mismos y están convencidos que para divertirse no es necesario acudir a cualquier tipo de droga incluyendo el alcohol, y es que en un estado de paz interna, ese elemento sale sobrando.

Es cierto que este movimiento, albergó un mayor número de jóvenes en la década de los noventas (época del boom de la electrónica). Pero aun en estos tiempos todavía se pueden ver a los Candys Ravers asistiendo a las principales raves, tanto de Europa como de América.

Tal vez esta filosofía no logre cambiar al mundo, pero por lo menos contribuirá a que en cierta forma se construya un espacio mejor, con una mejor conciencia, basada en el bienestar de nosotros mismos y de todos los que nos rodean.