Diciembre 2005

 

LUCYBELL I…LUMINA EL RAJATABLA

Recuerda en palabras e imágenes:
Edith Baltazar

Eran las 9:00 de la noche aproximadamente, y la cola que se observaba bordeando las instalaciones del teatro Rajatabla, ya se había hecho inmensa. Y es que muchos fans ansiosos, aguardaban desde las 7, para alcanzar los primeros lugares, y así poder hallarse más cercanos a la banda que tanto anhelaban ver: los entrañables Lucybell.

Cuando por fin el público pudo ingresar al recinto, los rostros de entusiasmo eran distinguibles a lo lejos. Se iban mezclando las ansias y comentarios de los fanáticos acérrimos, que habían asistido religiosamente a las presentaciones anteriores del grupo, con la de los adolescentes que por primera vez verían a la banda chilena, pero que sin duda ya conocían gran parte de su repertorio musical.

Transcurrió hora y media, y la impaciencia se hizo presa de los concurrentes. Los gritos reclamando a la banda mapocha, se hacían presentes, para que luego de unos minutos, Catervas subiese a calentar el escenario. Los nacionales tuvieron un arranque con mala fortuna, cuando en la primera canción, un desperfecto técnico impidió que el sonido sea propalado con eficacia, luego de un breve receso, los Catervas reanudaron su performance, y pese a ciertas carencias técnicas (iluminación mínima) el cuarteto logró sortear el impase, sin embargo el publico no respondió del todo, pues ya sus ansias por ver a los extranjeros carcomían sus organismos.

Otra media hora de espera y por fin, a eso de las 11:30 Lucybell, se hacia presente en el escenario. Una apoteósica bienvenida fue la que recibieron los liderados por Claudio Valenzuela, para que de inmediato se diese la partida del show con Fui a Cazar , lo que provocó que el respetable estallase de júbilo. El tiempo que habían aguardado por fin tenía su recompensa.

Los estelares de la noche, continuaron con el primer single del Lúmina: Sálvame la vida , para luego recordar el disco rojo con Caballos de histeria . Sin duda estábamos frente a un despliegue técnico impresionante, donde el sonido se mostraba como impecable y la iluminación brindaba una atmósfera casi apoteósica. Un alto al show y Valenzuela se refirió al tema que era ineludible, plasmando con honestidad, la idea de que en la música no existe nacionalidades, para sellar dicho instante, y a manera de metonimia, presentó una canción oportuna: Esperanza.

Aunque existía cierta incertidumbre del relevo de Francisco Gonzáles, por Cote Fonseca, el actual baterista demostró su propuesta amparada en las altas revoluciones; lo cual se reflejó en temas como Mi propia Cruz y Ángel , reforzando con ello la etapa “power”, que para estas épocas presenta Lucybell. Para algunos ésta es una transición positiva, otros extrañaban las revoluciones tranquilas y atmósferas más oscuras que inspiraban los sampleers de la presentación del Ambassador, en lo que si todos estaban de acuerdo, es que esta performance se vislumbraba de antemano como distinta.

Ya casi en el entretiempo, Eduardo Caces entre frases cifradas, anunciaba la presencia de una entrañable, y bastó una sola palabra, para que el publico adivinase de inmediato que se trataba de Tu sangre , acto seguido, el teatro explotó en pleno, y la nostalgia fue regente absoluta del local Barranquino, era sólo el principio de lo que venia.

Ciertos jugueteos de guitarra, presagiaban una de las favoritas, la atmósfera aun era algo confusa, cuando Caces dejó el bajo de lado, para tocar unas partituras en su teclado, y aunque la melodía no era del todo distinguible, apenas se escucharon las primeras líricas en la voz imponente del frontman: “Puede que salte al cielo, creyendo ir al infierno” todas las almas congregadas sintieron la ráfaga instantánea que atravesó a sus corazones, los cuales se estremecían al unísono al ritmo de las manos y velas que se bamboleaban en el aire. El climax continúo con Carnaval, permitiendo que los hilos de melancolía que destilaban la guitarra y voz de Claudio Valenzuela, se marcaran como un yerro en el pulmón, provocando así, las más dolientes sensaciones. Decenas de corazones explotaban para encajar, en el rincón más extraviado del Rajatabla.

A este bloque mágico le siguió Amanece, para cederle el lugar al resto de canciones que conforman la reciente placa. Así, Piedad, Golpes y Verde Invierno, eran desplegadas por los aires. Luces no bélicas, precedió a Cuando respiro en tu boca y la mezcla de sensaciones era perfecta, aquella amalgama de lírica desgarradora y vitalidad pura en las melodías, lograba que las almas salten en su propio eje, salpicando el sudor emocionado por los aires. Sin embargo la alegría era extraña, pues ya se presagiaba que con este tema, los Lucybell emprenderían la retirada.

En plena oscuridad el público aguardaba esperanzas, y bajo sus incesantes llamados, sabían que como casi siempre sucede, la banda regresaría al escenario, y así fue. Retornaron con Flotar es caer, para luego darse el lujo de presentar un single extraído del sound track de “Sangre eterna” la melancólica Ver el fin, lo cual paradójicamente, aún alimentaba la ilusión de que aquella noche nunca terminaría. Luego pasaron a Interpretar Hoy soñé, y otra de las rarezas: Sólo crees por primera vez (soundtrack de Destinos cruzados) sin embargo muchos esperaban aquel single que les abrió el camino mediático. Sus deseos fueron cumplidos con la llegada de Mil caminos, y bastó con que resonasen sus primeros compases, para que el recinto se cubriera de emoción prístina, la interpretación casi fiel del single de “Sesión Futura” fue del agrado de la mayoría, pero el extenso redoble final de batería, anunciaba el cierre de aquella noche mágica.

Contagiados de la emoción, el trío dejo a un lado sus instrumentos, para acercarse al centro de la tarima y agradecer con venias la acogida de su público peruano, al cual sin duda le tienen un especial cariño. El agradecimiento de los chilenos era notorio, por lo que se animaron a tocar un par de temas más: Viajar y Sembrando en el mar, fueron de la partida final, y con ellas se cerraría la noche. El teatro se inundo de agradecimientos mutuos, aplausos y gritos que resonaron por cada rincón. Alegría desbordante de aquellas almas que quedaron más que satisfechas de un show de alta factura tanto técnica como artística.

Las luces del escenario se apagaron, y ya para ese momento la banda chilena había desaparecido. El local se alumbro con aquella luz fluorescente fantasmal, como si con ello cortara de golpe el hechizo, y aunque se lanzaron canciones, interesantes para la fiesta que se había prometido, la gente ya estaba satisfecha con lo apreciado.

Las almas se iban retirando de a pocos, muy conformes con una noche especial, sobre ellas, una atmósfera de euforia aún las irradiaba. Sin duda momentos para el recuerdo y melodías hermosas que Iluminaran los corazones, para los que ansiosos aguarden la promesa de una próxima venida, que de ser cierta, sólo nos quedaría decir: hasta Marzo del próximo año Lucybell.