Octubre 2005



GONZALO OTERO

Texto y fotos: Dany Salvatierra

Luego de salir de las aulas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima, Gonzalo Otero decidió jugarse el todo por el todo. Apostó por la autofinanciación de su ópera prima, “Borderline”, cortometraje que se llevó el premio del CONACINE, junto a otros envidiables reconocimientos de público y crítica, recogidos a lo largo de los festivales en los que ha participado. Exploremos, pues, las raíces cinéfilas de este novel cineasta, cuya pasión por la aguda composición dramática y la exquisitez de su lenguaje visual ya está dando mucho de qué hablar.

INICIOS MULTIFACÉTICOS

Su el interés por el cine surgió, curiosamente, cuando durante su niñez pasó un par de veranos en la lejana Indonesia. “Lo único que hacía en Indonesia aparte de jugar tenis, era alquilar películas por montones para verlas en casa. Gracias a mi primo, me introduje de lleno en el género de terror, he visto casi todas las películas de terror de los ochenta y me obsesioné con ellas”. No obstante, en el colegio logró sobresalir en la rama de ciencias, por lo cual escogió como futura profesión algo relacionado con la biología, decantándose finalmente por estudiar odontología.

Poco después, abandonó dichos estudios, pues fue consciente que necesitaba crear y comunicar en imágenes. Sus ansias de cambiar de vocación fueron toda una sorpresa para su familia: ya tenía muy en claro trasladarse a la Universidad de Lima para estudiar cine. Sin embargo, las cosas no fueron fáciles, debido a su multiplicidad de intereses.

“Yo siempre he sido muy obsesivo, paralelamente a la Facultad de Comunicación me interesé por el deporte. Me puse a entrenar y a competir, dejando el cine un poco de lado. Al participar en los rodajes de curso, fungía como camarógrafo, porque siempre he tenido buen ojo para componer encuadres y me limitaba a seguir las instrucciones del director. Más tomaba en serio mis entrenamientos deportivos, hasta que me accidenté. Me lesioné la rodilla y decidí escribir una historia, canalizando mi energía en el cine”.

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

Tras el accidente, luego de su frustración al no poder continuar con sus entrenamientos deportivos, dirigió su primer cortometraje en 16mm, como parte del curso de Dirección de Cine, llamado “Fundido a Negro”, granjeándose los elogios de Augusto Tamayo, su experimentado profesor, quien llegó a calificar su trabajo de sobresaliente.

Dicho entusiasmo fue compartido por el jurado de FAI (Festival de Cortos Universitarios), que no dudó en otorgarle el primer premio por decisión unánime a “Fundido a Negro”. Aquél premio fue interpretado como Gonzalo como una señal divina. “Ahí mismo comprendí que debía dedicarme a esto para toda la vida”.

Con este auspicioso debut, Gonzalo se animó a abocarse hacia un trabajo más profesional, comenzando por escribir un nuevo guión en base a una experiencia personal. Fue así como nació “Borderline”, que narra las correrías de un saxofonista de jazz (interpretado notablemente por Julián Legaspi) por llegar a una audición vital para su carrera, y las tribulaciones que sufre para conseguirlo. “Quise hacer un personaje al cual le ocurren cosas debido a sus propios errores, en una especie de relación causa efecto”. Gonzalo confiesa que al escribir el guión llevó a cabo un milimetrado balance de recursos dramáticos, de manera que no sólo la linealidad de la historia y sus conflictos estuviesen fundamentados, sino para que también fuesen asimilados por el público de la manera en que él esperaba que reaccionaran.

La construcción del personaje implicó la exploración de un tipo de perfil psicológico que demandó la ayuda de un psicólogo profesional, según el cual el personaje determinaba un desorden de personalidad. No contento con dicha calificación, Gonzalo extendió estos rasgos hasta el límite. “Quise construir un personaje bastante sólido, creándole un perfil con características muy bien definidas, y en esa búsqueda decidí hacerlo músico, escogiendo el jazz como una cuestión narcisista, porque en el jazz cada uno toca su instrumento, tiene un determinado método e improvisa. Como consecuencia, toda la tensión recae sobre él”.

Aquello demandó una gran disposición de su parte, pues paradójicamente, dada su condición de amante del rock, Gonzalo tuvo que investigar durante meses sobre la historia jazz, ir a conciertos o llegar entrevistarse con el reconocido saxofonista Manuel Miranda, quien inclusive ejecuta el sonido del saxo que se oye en el cortometraje. No contento con ello, Gonzalo también dispuso de la partitura musical compuesta especialmente para la ocasión por Henry Ueunten, tecladista y compositor de profesión.

Al contemplar el producto acabado, más allá del efecto que causa en el público receptor, es la actuación de Julián Legaspi lo que más llama la atención. Gonzalo pensó en él para interpretar el papel desde que terminó de escribir el guión, granjeándose serios problemas en el plan de rodaje, dado el compromiso del actor con una telenovela que interpretaba en aquél momento y obligándolo a rodar sólo los fines de semana, durante 4 arduos meses, lo cual no fue una desventaja. “Al estar autofinanciando el corto, también debía rodar cuando había dinero. A veces dejaba de rodar tres fines de semana seguidos hasta conseguir que me pagaran en el trabajo, para seguir rodando”.

Aparte del problema del tiempo, Julián se fracturó la pierna y acarreó cambios en el guión para adaptar su cojera. Como anécdota, en una escena del metraje vemos una toma de la rodilla de Gonzalo siendo pisoteada en vez de la de Julián, pues el actor se encontraba incapacitado para recibir la afrenta.

Sin embargo, el esfuerzo otorga. Esa parece haber sido la consigna de “Borderline”, que aparte de ganar el premio del CONACINE, se llevó dos premios en el Festival de Cortos de Barranco. Por añadidura, se hizo igualmente acreedor de sendos premios en el CINECORP (por el cual ganó 500 dolares) y en el FENACO, un festival en la ciudad de Cusco. También ha continuado su recorrido por los festivales en España y La Habana.

DE PÚBLICOS, INFLUENCIAS Y PLANES A FUTURO

Gonzalo tiene la particularidad de tener muy clara la percepción del cine como un espectáculo orientado a las masas. “El cine tiene que ser para el público. Me parece egoísta y estúpido hacer cine para uno mismo, como una especie de masturbación. ¿De qué te sirve? Nunca descarto el ámbito del entretenimiento. El cine es emoción, imaginación, me gusta que la gente se meta en la historia, que se asuste, que ría. No concibo hacer cine si no es pensando en la audiencia. Cuando tengo una idea, por más personal que sea, siempre trato de darle un ángulo en el cual la gente pueda encontrar una empatía con lo que está viendo. Es vital para mí que los demás puedan asimilar lo que yo intento plasmar. Igual que Hitchcock”.

De esta forma, reconoce como sus mayores referencias al trabajo de directores como Alfred Hitchcock, Quentin Tarantino y Sergio Leone. Igualmente nos menciona al cine de Hong Kong. “Me gustaría hacer un corto de artes marciales, coreografiando las peleas, como en los viejos tiempos, y por qué no, poder realizar un híbrido entre las artes marciales y el terror”.

A futuro ya está casi concluído su segundo cortometraje profesional, “Los Santos”, que se encuentra en etapa de post-producción, y que fue realizado gracias a las ganancias obtenidas por los premios que generó “Borderline”.”Deseo hacer un máster en cine en Canadá, y también pienso escribir el guión de un largometraje, que estoy seguro me va a tomar mucho tiempo, conociéndome por ser tan perfeccionista, no me gusta dejar las cosas sueltas”. Por eso, estamos seguros que el éxito no se encuentra muy lejos de él.