Setiembre 2005
CONCIERTO INTERNERDS (RECORS)
en el Ekeko de Barranco
Recuerda: Edith Baltazar
Fotos: Cortesía Internerds
Definitivamente hay días en que las circunstancias se ven predispuestas para que no tengan un buen desenlace. Ese viernes 26, algo era extraño en el ambiente ¿solo seré yo quien necesite el paraguas? me preguntaba, mientras la llegada de las 9 de la noche era inminente.
Me apresuré con demasía al evento que me aguardaba; aquella festividad sónica de las bandas emergentes más graneadas, premisa que de antemano era asegurada, por tratarse de un concierto de Internerds Recors.
Mi llegada -casi angustiante- al Ekeko, fue precedida de un halo total de incertidumbre, al notar que el ambiente aún se mostraba laxo. Algunas bandas se hallaban terminando (su muy larga) prueba de sonido, mientras el publico ya se iba incorporando a los recintos del local barranquino.
Casi hora y media después, Kaboogie y los misterios de la música pop arribaron al escenario. Pero la disyuntiva me apresaba, ¿era aquello tan solo una prueba de resonancia, o ya habían empezado el show “real”?. Mi criterio, juzgaba como erróneo el hecho de que el primer grupo anunciado, sea justo el último en probar equipos, pero evidentemente lo que observaba, aun se trataba de una verificación de toda la parafernalia sonora. Lo que siguió fue el resultado de una ingrata sorpresa: el sonido para aquella noche jugaría el papel del verdugo más implacable.
Bajo un monitoreo casi inexistente y la salida de los micrófonos totalmente opacados, Pablo Goto (a.k.a Kaboogie) marcó el inicio del concierto, tras colocarse aquellas singulares orejas de conejo. Kaboogie y compañía arrancaron con “Microaventuras en Lo.Fi”, tema que terminó empalmado con un fragmento de “Puente” de Gustavo Cerati, pero que definitivamente no alcanzo el nivel deseado. La mala pasada de los equipos y el enmascaramiento casi total de la voz, terminó aletargando al grupo, y en especial a su frontman (que después de todo es quien se lleva el peso en una banda). La situación se repitió para los siguientes temas, hasta que por un momento se pudo distinguir un atinado cover de los Magnetic Fields. La banda concluyó su participación irregular con un tema de su entrañable amigo Rony Quiroz, titulado “Pennycrayon”.
De inmediato prosiguió El mundo de Pecval , con una ventaja avizorada: su repertorio era meramente instrumental. El Dream Noise que desplegaron por los aires, obtuvo mejor fortuna, en vista a que las distorsiones guitarreras y la fuerza que le imprimían a cada uno de los temas, casi no fueron amilanadas por la ineficiencia de las unidades sónicas. “Cabalgando Caracoles” endulzaba los oídos del respetable, con el rasguñeo propio de una cíclica que denotaba aires catárticos. Los argumentos siguieron en temas como “Llévame a casa por favor” y “Astralia”, para finalmente concluir una presentación más que aceptable con “Eternia”.
Los minutos trascurrían y le tocó el turno a Callahan , quienes prosiguieron con la atmósfera instrumental. Pese a todo, el trío logró presentar una buena performance, basada en sus efímeras pulsaciones sónicas, que iban convergiendo en tonalidades melódicas y minimalistas, amparadas del acompañamiento de sus dos armoniosas guitarras y la cadencia de sus bases rítmicas. Temas como la rápida “56”, y la cadenciosa “Photo Movie” marcaron el punto más álgido de su puesta en escena.
Lo mejor de la noche llegó con Mi Jardín Secreto y su sonido pop de vertientes rockanroleras, quienes supieron abrirse paso ante el obstáculo de un sonido boicoteador, y aunque las líricas eran de difícil reconocimiento, el timbre de voz de su frontman -Víctor Hugo- lograba despuntarse en canciones como “Aquí todos saben perder” y “Yo aún recuerdo tu cumpleaños”, en las cuales se exponía una armonía expectante que iba acompañada de chispazos guitarreros, los cuales terminaron por plagar el espacio de un ritmo vibrante, como para que las extremidades tomen vida propia.
El punto alto lo iba a mantener Abrelatas , con aquellas canciones que hicieron de su plástico un excelente álbum debut. El teclado y caja de ritmos de Christian Vargas, acompañaba impasible a la guitarra acertada de Rony Quiroz. El dúo, no pudo concluir su participación con mejor tema: “Bipolar”, el cual (como de costumbre) revolvió mis imágenes, para sentir la presencia conciliadora de aquella magnifica canción.
Como dato adicional, cabe recordar que Rony era el homenajeado de aquella noche, en vista a que su onomástico coincidió con la fecha del concierto, para lo cual se precisó que los afiches color rosa pálido, lleven su nombre grabado a modo de pista secreta. Gesto que sin duda demuestra con creses el espíritu solidario de la gente de Internerds Recors.
El cierre del concierto llegó con Boomerang , de performance baja en esa ocasión, no fue precisamente el final ideal para aquella noche tan paradójica. Sus guitarras se hicieron presentes con un frenetismo visceral, pero que lamentablemente lucían un descompaginamiento notorio, y su vocal femenina sufrió los estragos de un sonido que iba feneciendo estrepitosamente. Por su parte la batería descontrolada, mostraba una “catarsis” poco afortunada para los cometidos de la banda.
Sin duda este concierto (el sexto realizado en el transcurso del año) no fue una de las mejores jornadas para Internerds Recors, en vista a que adoleció de un aspecto muy importante: buenos dispositivos técnicos, que hubiera hecho de esta, toda una festividad sónica. Sin embargo la valía de la mayoría de los grupos, hizo que el resultado no sea del todo negativo.
Siempre será expectante lo que nos traiga éste sello, y lo presentado anteriormente da lugar a que con todo el merecimiento adquirido, se tomen el desquite necesario, entonces solo nos queda aguardar la llegada del “Internerds Recors VII… la revancha”.
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