Diciembre 2005
EL CADÁVER DE LA NOVIA
"Corpse Bride"
De Tim Burton
(USA, 2005) Intentar una redención es valido para cualquier ser, lo que no es valido es desperdiciar energía en algo que ya esta muerto. Porque aunque sea desgarradora, la premisa de esta obra es certera: ¿ Puede un corazón seguir roto, una vez que ha dejado de latir ?
La historia del film se centra en la Inglaterra victoriana, donde los nuevos ricos Van Dort, comprometen en matrimonio a su hijo -el retraído Victor- con la “heredera” de los Everglot -la medrosa victoria- unos aristócratas venidos a menos. Sin embargo tras un momento de atolondramiento a la hora de ensayar sus votos matrimoniales, el novio se interna en el bosque. Una vez ahí, comete el error de colocar el anillo a lo que él cree es un tronco seco, pero en realidad es la mano del cadáver de una novia, que esperó por años ser liberada. Victor, es arrastrado hacia la tierra de los muertos, de donde buscará escapar, para poder reunirse con su prometida.
El cadáver de la novia es la adaptación de un cuento ruso, que Tim Burtom supo tomar y recrear de la mejor manera, siempre bajo sus dominios sombríos y su imaginario gótico. Sin duda, este es un film que le da vuelta y media a cualquier película de animación (de las que ultimadamente salen a montones) ya que se rescata la técnica del Stop Motion (fotograma por fotograma) lo cual propone un trabajo más artesanal, pero de mejores resultados.
La trama resulta encantadoramente oscura y deprimente, con una fluidez magnifica, tanto que los 78 minutos de su duración, resultan escasos para su deleite. No hay duda que Burtom, disfrutó enormemente de este trabajo, para el cual reunió a sus entrañables -quienes prestan su voz a sus protagonistas animados- Johnny Depp (Victor) cuyo personaje esta hecho a la talla (o viceversa) del talentoso y multifacético actor; Helena Bonham Carter (El cadáver de la novia) y Emily Watson (Victoria).
Por su parte, la propuesta visual es altamente cuidada, donde la fotografía va de la mano de una notable dirección artística, lo que permite crear esos dos mundos casi antagónicos, pero en el que prevalece la iluminación en clave baja. Las atmósferas que se crean, son propias de las películas expresionistas alemanas, con ese aire lúgubre y oscuro y de texturas inigualables. Piezas claves para dar vida al imaginario Tim Burtiano.
Sin embargo, más allá de todo lo laborioso y eficaz que resultó el producto visual, el reconocimiento al film se vuelve imperante, por el hecho de tratarse de una historia con sello propio, fuera de los parámetros de las películas de este tipo. En El cadáver de la novia no existen personajes esquemáticos, ni tufillos a moraleja y mucho menos subtextos moralistas. Luego de visionar este film no nos queda dudas de la visión de su autor; al contrario nos deja certezas, como la de saber que aquellos personajes si bien es cierto son muñecos, son figuras con alma.
Edith Baltazar
HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO
"Harry Potter and the goblet of fire"
De Mike Newell
(USA, 2005)
Harry Potter y el cáliz del fuego, es la cuarta adaptación cinematográfica de la famosa serie literaria, Harry Potter, de J.K. Rowling. Dirigida por el aclamado director inglés Mike Newell , quien ha sabido captar la esencia del libro (de más de seiscientas paginas) en las casi dos horas y media de proyección, siendo esta "la película más compleja de todas" según David Heyman, productor de la saga.
Se acercan tiempos difíciles para Harry (Daniel Radcliffe), quien sólo tiene en mente ir al "Mundial de Quidditch" junto a sus inseparables amigos, Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson), y así poder olvidar sus perturbadores sueños que hacen que su cicatriz duela más que nunca. Ya en el lugar, todo se torna escalofriante cuando los "mortífagos", seguidores de Lord Voldemort (Ralph Fiennes), iluminan la noche con la Marca Tenebrosa, invocándola después de trece años de su desaparición. Estos acontecimientos inquietan a Harry, que desea regresar a Hogwarts lo antes posible, pero las cosas no saldrán como él las piensa.
Se anuncia que ese año Hogwarts será el equipo anfitrión del "Torneo de los Tres magos", en donde se elige un contendor de cada escuela mágica europea, para enfrentarse a tres pruebas letales. Debido a esto el ministro de magia Barty Crouch (Roger Lloyd Pack), decreta que ningún estudiante menor de diecisiete años participe. Llegado el día de la selección, el cáliz designa inexplicablemente a Harry Potter, quien con apenas catorce años, no está capacitado para dichas pruebas, lo que despierta sospechas y celos en los demás. Debido a como ocurrieron las cosas Dumbledore ( Michael Gambom) sospecha que alguien quiere poner en grave riesgo a Harry, por lo que le pide a Alastor "Ojoloco" Moody (Brendan Gleeson) que no le quite su "ojo mágico" de encima, mientras éste se prepara para las desafiantes pruebas. Para Harry tratar con todo esto no se compara con el hecho de pedirle a Cho Chang (Katie Leung) que vaya con él al baile. Ron y Hermione por su parte, al fin pueden reconocer una trasformación en los sentimientos del uno al otro.
En el film se puede sentir que los roles de Voldemort y Moody están perfectamente representados, "Ralph Fiennes, es un actor con gran profundidad, y capta brillantemente la complejidad del carisma de Voldemort como su tenebrosidad" resalta Heyman (Productor). Una de las mejores escenas logradas por Newell, es aquella donde Voldemort recupera por primera vez su forma humana. Por otro lado, Brendan Gleeson refleja la personalidad compleja y desafiante del profesor "Ojoloco" Moody quien a primera vista parece hostil, pero poco a poco deviene en un personaje confiable.
La creación de los escenarios del "Torneo de los Tres magos" supera la imaginación, el feroz dragón, las desagradables criaturas (Grindylows), y el desorientador laberinto de siete metros de alto, envuelven en un efectivo ambiente de miedo. Por su parte el vestuario es interesante, ya que en la escena del baile de navidad, se observan diversos trajes de gala, cada uno resaltando la personalidad del personaje. Para la secuencia rockera, colaboran los músicos de las bandas Pulp (Jarvis Cocker) y Radiohead (Phil Selway y Johnny Greenwood), para la cual Cocker compuso tres canciones, no se podía pedir mas.
Si bien es cierto, el film es un resumen del libro, mantiene la esencia principal del mismo. El suspenso, elemento que ha sido muy bien manejado por Newell, sin tener que descuidar las escenas de acción, comicidad y romance, que terminan de englobar el concepto de esta obra.
Rocío Córdova
LA MATANZA
“Hotel Rwanda”
De Terry George
(Reino Unido/Italia, 2001)
Los humanos pueden ser los depredadores más férreos de la naturaleza, como el peor de los animales que se asquea de su propia especie. Pero siempre se puede hallar un diamante en el fondo del fango, idea que se aprecia en la trama de Hotel Rwanda, que por nuestros lares ha sido llamada como La matanza.
Cuando se creía que el acuerdo de paz llegaría por fin a Rwanda, se produce el asesinato de su líder, trayendo como consecuencia un atroz genocidio por parte del ejercito Hutus contra la población Tutsi. Dentro de esa barbarie surge Paul Rusesabagina (Don Cheadle) gerente del hotel Milles Hollines, quien luego de salvar a su familia y amigos tutsis de la muerte, debe sortear pruebas horrendas para ayudar a los otros perseguidos. De tal manera tendrá que usar su hotel como refugio, convirtiéndose en el ángel salvador, hasta el punto de exponer su propia condición y empleo, mientras espera en vano a las fuerzas y organismos internacionales que una vez mas no se harán presente.
Terry George firma este film de alta factura, basado en un hecho real, concretamente en la matanza que se dio en la década de los noventa en Rwanda. El director no escatimó en la investigación y documentación certera, lo que le rindió frutos altamente merecidos, como el reconocimiento de la crítica especializada, y la expectativa importante de los circuitos cinematográficos. Y es que el mayor logro del film, es la exposición verosímil del sufrimiento y la maldad humana, sin melodramas, sin recurrencias efectistas a las que suele estar acostumbrado Hollywood. Aquí no hay sangre a borbotones, ni cuerpos mutilados por doquier, simplemente el sentimiento pertinente de exponer y cuestionar las atrocidades de este mundo, sensibilidad que cumple su sentido de transmisión perfecta, a través de un notable universo diegético.
El tratamiento escénico, pese a ser coherente con el suceso original, se aleja de la técnica del documental, para arrimarse al drama con aires de triller psicológico, con una cámara serena pero a la vez omnipresente, la cual deja mostrar las sensaciones de su categórico protagonista. Por su parte el resto de personajes, son de una elevada construcción dramática, quienes logran captar la esencia perfecta, de aquellos seres que se encuentran al borde de sus vidas.
Importantísimo elemento es el sonido, en su estado asincrónico objetivo, el cual brinda un poder altamente connotante. Prueba principal, es la emisora de radio, que ocupa el rol de un personaje relevante, con una voz gutural que demuestra el poder que pueden alcanzar los medios. Hotel Rwanda es un film cuyo visionado debe ser imprescindible para cualquiera, no solo por su calidad artística, si no también, para ayudar a recordar la realidad caótica que gira más allá de nuestro eje. Como su propio director lo manifestaría: “fue un suceso que para vergüenza de muchos no se conocía”.
Edith Baltazar
EL EXORCISMO DE EMILY ROSE
“The Exorcism of Emily Rose”
De Scott Derrikson
(USA 2005)
La premisa del film es algo engañosa. El tan vapuleado caso de la vida real, en el cual se basa la totalidad de la cinta, es tan sólo una versión tergiversada y extremadamente ribeteada de un libro inspirado en la posesión de una paciente alemana en los años setenta. Es más, su verdadero nombre dista mucho del que figura en esta reciente adaptación.
En primer lugar, no se trata de una película de terror, sino de un interminable enfrentamiento judicial que pone sobre el tapete las diferentes percepciones teológicas y religiosas a raíz de la muerte de una joven presuntamente poseída por el demonio. De esta manera, la abogada Erin Brunney (Laura Linney) pone en jaque su hasta entonces exitosa carrera, al aceptar defender al Padre Moore (Tom Wilkinson), acusado de homicidio tras la muerte intempestiva de Emily Rose (Jennifer Carpenter) una universitaria a la cual estaba practicando el exorcismo.
El planteamiento no es nada original, ni mucho menos se atreve a proporcionar una perspectiva diferente a la ya abordada en el cine con anterioridad, pero durante el primer arco, la historia consigue un correcto desarrollo narrativo en medio del acalorado proceso judicial, gracias a la oposición tajante de un fiscal metodista y escéptico que funge las veces de efectivo villano, interpretado con garra por Campbell Scott, un buen actor que ya echábamos de menos.
Y si bien la contraparte antagónica funciona de maravilla, el núcleo central, conformado por el afianzamiento de la simpatía y la amistad entre la abogada y su cliente, se encuentra afectado por el excesivo tono pseudo intelectual que el realizador trata de imprimir al relato. La lucha de intereses entre la Iglesia y la opinión pública, más allá de documentarse sin trasfondos éticos de por medio, insiste en un excesivo análisis de tintes académicos, que acaban por opacar una de las arterias más importantes de todo producto cinematográfico, el entretenimiento. Hacia la segunda mitad el interés decrece y las diatribas se tornan aburridas, sin mencionar la deslucida actuación de Tom Wilkinson, un actor que al parecer no se toma demasiado en serio su papel y realiza una interpretación por puro (y rutinario) oficio.
Las escenas de horror no resultan fallidas del todo, pues cabe recordar que se hallan registradas (como en todo film norteamericano de terror contemporáneo) bajo la eterna argucia del susto fácil y la excesiva post-producción de efectos de sonido. La razón por la cual escapan a su acostumbrada nulidad como fuente de emoción, es debido a la valerosa actuación de Jennifer Carpenter, quien guarda tanto fuego como pecado en el cuerpo, y difícilmente podremos olvidar su expresión desencajada, ni sus chillidos de bestia acorralada. Linda Blair ya puede respirar tranquila.
Dany Salvatierra
UN DÍA SIN SEXO
De Frank Pérez-Garland
(Perú, 2005)
En un solo día pueden llegar a suceder cosas sorprendentes, pero a veces, aún más determinante puede resultar lo que no llega a realizarse. Este film tiene como base sinóptica, el relato de un instante en la vida de cuatro parejas de distintas edades, quienes reciben importantes descubrimientos acerca de sus relaciones sentimentales, las cuales quedaran para la anécdota, como también para la reflexión futura. Pese a que sus condiciones son muy distintas, lo que tal vez llega a unir a estos personajes -aparte del corazón roto- es que todos obtendrán un día que nunca olvidaran… un día sin sexo.
La opera prima de Frank Perez-Garland, presenta una trama que se encuentra anclada en cuatro plots distintos. Sin duda, el mejor logrado es el de Daniela y Gonzalo, cuyo acierto se halla concentrado en una amalgama de buenas interpretaciones (un apocado Paúl Vega, y una trágica Vanessa Saba) con la intensidad honesta que refleja una pareja, cuya relación expele hartazgo (notable la escena de discusión en la cocina) reforzados con acontecimientos tan simples, o silencios altamente connotantes. Lamentablemente para irnos al polo opuesto, nos tenemos que acercar a la dupla de Alexa (Carolina Cano) y Nicolás (Bruno Ascenzo) que simplemente es descuidada, hasta el punto de quedar como insustancial en el medio de las demás historias.
En esta película, la mayoría de sucesos son expuestos por conversaciones más que por acciones, sin embargo esto no resulta una molestia del todo, en vista de que muchos de los diálogos están bien planteados, y solventados por el ingrediente humorístico que resulta agradable y eficaz (como el de la escena en que juegan a “yo nunca”). No hay duda que el director logra obtener una historia verosímil, pero que no es suficiente, para un film que espera no ser tan pausado y dilatado en algunas secuencias importantes. En el lenguaje visual, si bien es cierto no existe una propuesta arriesgada, lo que se muestra resulta utilitario para el tipo de historia que se narra, por ello veremos desfilar a los planos medios, two shot y de conjunto, mientras que los movimientos tranquilos y encuadres correctos, mantienen a la cámara como un medio, para una película en donde la dramaturgia viene a centrarse como fin.
Por otro lado, la banda sonora compuesta por grupos nacionales, es destacable por momentos, en especial el tema principal -muy al estilo descorazonado de Mar de Copas- que le brinda un complemento ideal, con su lírica mohína. Lo que Un día sin sexo nos deja, es la idea de una película correcta, dentro de los parámetros propios de su género. Es una muestra del cine nacional que vale la pena observar, y que nos conlleva a aguardar lo que la experiencia y oficio produzcan en su novel director.
Edith Baltazar
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